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“REACCIONES FISIOLÓGICAS Y MOTORAS ANTE EL MIEDO”

Reacciones fisiológicas

Las reacciones fisiológicas son independientes de la edad y están provocadas por una serie de cambios bioquímicos, principalmente descarga de catecolaminas, noradrenalina, epinefrina y otras sustancias.


Estos cambios desencadenan la denominada “tormenta vegetativa” la cual consiste en un conjunto de síntomas como taquicardia, tensión muscular, temblores, sudoración, palidez, sequedad de garganta y boca, sensación de náusea en el estómago, urgencia de orinar y defecar, respiración rápida, dificultades para respirar... Estas manifestaciones pueden vivirse con mayor o menor intensidad y predominando unas u otras, según los individuos y las situaciones.


Algunos trabajos recientes demuestran también que, en situaciones de miedo, disminuye el flujo de sangre a algunas partes del cerebro (Pearce, 1995). Con ello toda esta “tormenta” va dirigida a preparar al organismo para luchar contra el peligro si valora que puede enfrentarse con él, o para huir si evalúa que le sobrepasa; la taquicardia supone un bombeo más rápido del corazón para irrigar mejor los músculos, la respiración es más rápida para disponer de más oxígeno, la palidez supone que la sangre va principalmente hacia los músculos con el fin de aumentar la fuerza muscular y de perder menos sangre en caso de heridas, el organismo suspende algunas funciones que no son absolutamente necesarias con el fin de ahorrar energía (Sassaroli y Lorenzini, 2000).


Si el miedo permanece durante un período largo, da paso a una serie de alteraciones psicosomáticas como inquietud, fatiga, alteraciones del sueño, alteraciones del apetito e irritabilidad (Marks, 1990a; American Psychiatrie Association, 2002).


Reacciones motoras-comportamentales

Los patrones de conducta reactivos ante el miedo presentan a veces un marcado contraste: Puede darse una tendencia a petrificarse o enmudecer que, en formas extremas, puede llegar a la muerte fingida o aparente, o por el contrario puede haber una huida desesperada, gritos y agitación motriz. Este último patrón de conducta puede presentarse como primera reacción o inmediatamente después del anterior.


Los estudios etológicos sobre el comportamiento animal ante el miedo, han permitido además diferenciar otros dos patrones reactivos: La defensa agresiva, más frecuente en animales jóvenes y la desviación del ataque a través de conductas de sumisión e incluso conductas de tipo sexual o infantil.


BIBLIOGRAFÍA

Pérez-Grande. M. (2000). El miedo y sus trastornos en la infancia. Prevención e intervención educativa. Universidad de salamanca. Pp. 123-144


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